lunes, 25 de febrero de 2008

7 modos de salvar al mundo

Por Stefan Tehil.

La creciente necesidad de energía y el aumento en la producción de gases de invernadero plantean un doble desafío para la prosperidad mundial. Una nueva visión de la protección del medioambiente -de hacer más con menos- podría ser la solución.
Olvide el cliché de que ahorrar energía es una forma de abstinencia (montar en bicicleta, reducir el uso de iluminación, bajar el termostato y tomar menos duchas).
Hoy, el cuidado del medioambiente se relaciona con la eficiencia: tener los mismos resultados -o mejores- con una fracción de energía. En 2002, cuando una baja repentina en la cantidad de viajeros de negocios obligó a Ulrich Römer a recortar gastos en su hotel familiar Stadtpark en Hilden, Alemania, descubrió que no tenía que escatimar la comodidad para sus invitados. En lugar de ello, reemplazó los centenares de derrochadoras bombillas incandescentes del hotel con lámparas fluorescentes ahorradoras de energía, obteniendo la misma iluminación con un 80 por ciento menos de energía. Compró una caldera de agua con una bomba controlada digitalmente, y envolvió las tuberías con un material aislante. Gastando alrededor de €100,000 en estas y otras mejoras, logró reducir en €60,000 su cuenta de gastos de combustible y energéticos, que ascendía a €90,000, un rendimiento de la inversión del 60 por ciento, año tras año. Además, la reducción en las necesidades de energía del hotel ha disminuido sus emisiones anuales de gases de carbono en más de 200 toneladas métricas. “Ahorrar energéticos ha sido muy rentable”, dice. “Y no eliminamos ni una sola comodidad a nuestros invitados”.
Si multiplicamos los ahorros como el logrado por Römer en toda la economía, será claro por qué la eficiencia de los energéticos ha dejado de ser tema de los ecologistas marginales para convertirse en uno de los temas más candentes en los negocios, y en una forma de añadir miles de millones de dólares a los resultados finales. Y además, con el mundo preocupado por los suministros de energía, la eficiencia ha sido la solución.
Esta semana, cuando los líderes mundiales se reúnan en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial, hablarán de los cambios energéticos, ninguno de los cuales tiene más potencial positivo que el hecho de dejar de despilfarrar los energéticos y comenzar a ahorrarlos. “Aumentar la eficiencia de los energéticos es la manera más amplia, barata, benigna y rápidamente desplegable; menos visible, menos comprendida y más descuidada” de satisfacer la demanda futura de energía, afirma el gurú energético Amory Lovins, director del Instituto Rocky Mountain, con sede en Colorado.
Es una idea cuyo momento ha llegado. El año pasado, cuando el petróleo alcanzó un precio de más de US$70 por barril, el uso del petróleo en el mundo industrial cayó por primera vez en 20 años, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés). Eso demuestra cuán rápidamente puede volver a ponerse de moda el ahorro de energía, pero la IEA se muestra cautelosa. Advierte que la demanda mundial de energéticos se disparará un 50 por ciento hacia 2030, superando el escenario más agresivo para fomentar las fuentes alternativas de energía, como los combustibles biológicos o la energía solar. “Aun las mejoras de eficiencia moderadas contribuirán más a satisfacer la demanda futura que las fuentes combinadas de combustible alternativo”, dice Paul Waide, especialista en ciencia de la IEA.
La eficiencia energética es también una forma de reducir la emisión de gases de carbono y de ayudar a reducir el calentamiento global. El mejor argumento a favor de la eficiencia es su rentabilidad. Esto se debe a que la creciente demanda de energía requiere una gran inversión en nuevos suministros, sin mencionar el aumento en los precios de los energéticos. En la estrategia de reducción de emisiones de gases de la IEA, los consumidores y la industria tendrían que invertir US$2.4 billones durante las próximas dos décadas y media en equipos más eficientes, instalaciones mejoradas y automóviles que rindan más kilómetros por litro de combustible. Esas inversiones reducirían los gastos de combustible y electricidad en unos US$8.1 billones, y ahorrarían otros US$3 millones de inversión en pozos petroleros, gasoductos y centrales hidroeléctricas. Cada dólar invertido en la eficiencia genera más de US$4 en ahorros, mientras que el “período de amortización” no suele ser mayor a cuatro años.
No es de sorprender que la eficiencia se haya colocado en la cima de los programas políticos. El 10 de enero, la UE reveló un plan para reducir el uso de energía en el continente en un 20 por ciento para 2020. En marzo pasado, China autorizó un aumento de 20 por ciento en la eficiencia energética para 2020. Incluso se espera que Bush, el petrolero de Texas, hable acerca de la conservación de la energía en su informe ante el Congreso de esta semana.
La buena noticia es que el mundo está lleno de formas comprobadas y baratas para ahorrar energía.


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